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Día a día de una bailarina

12/2/2016

 

No es únicamente llegar al salón, mirarse al espejo, cinco, seis, siete, ocho, para luego comenzar a bailar la coreo que hemos estado ensayando las últimas dos clases.

 

Sentir es la clave, la palabra principal en la mente de una bailarina, en la rutina más gratificante que pueda existir en la vida de alguien que ame la danza. Bailar es sentir con todas las partes del cuerpo conectadas con el corazón, porque en estos casos la mente sólo vuela y se pierde por completo.  La mente y la imaginación se vuelven tan infinitas como la cantidad de movimientos que se pueden crear bailando. Aunque es claro que toda esta situación sólo la entendería alguien que considere la danza como su primer amor.

 

Vamos a hacer un paralelo entre el exterior, visto por cualquier persona, y lo que verdaderamente pasa por nuestra mente de bailarinas, cuando comenzamos nuestra rutina, desde por la mañana hasta el final de la noche.

 

Una bailarina se levanta temprano, desayuna, va a cumplir con sus responsabilidades – clase , trabajo, colegio, universidad – almuerza al medio día, comparte con sus amigas, se ríe.. es básicamente una chica normal. Vuelve a casa, descansa un poco o adelanta otras de sus responsabilidades, va a la academia, saluda a todos, entra al salón, baila durante algunas horas, sale muy cansada, empapada de sudor, toma agua, vuelve a casa, come, ve cualquier serie de Netflix con la que esta mega-obsesionada, duerme.

 

Pero esto es lo que verdaderamente pasa por nuestra mente:

Ella se levanta muy temprano, a eso de las 6 am, para aprovechar la mañana y organizar todo el resto del día. Se prepara el desayuno más delicioso del planeta, una bailarina cuida cada detalle de su vida y trata de hacer todo lo más mágico posible.

Ella se ve en cualquier reflejo, el de la ventana de la cocina, el espejo del baño y baila, crea movimientos con música imaginaria, porque la tierra tiene música para todo el que quiera escucharla. Camina en las puntas de los pies por toda la casa mientras pasa la mañana, es algo que se vuelve automático.  Cada rincón es un escenario más, nada es un impedimento para bailar, ni siquiera andar en el carro. Los brazos también pueden bailar, al igual que la mente, que se vuelve infinita con la cantidad de movimientos que crea en todo momento.

 

Una bailarina es detallista y sensible ante todo lo que la rodea y busca todo lo que le mueva el corazón. Por eso cuando va a su closet busca sus prendas favoritas, esas que se pone y nadie puede contra ellas, las prendas que le dan poder a su cuerpo para moverse con más fluidez, para sentirse más hermosa que nunca.  Para volar con los pies y dejar que la inspiración corra por sus venas. Ella es tan sensible que la prenda equivocada puede bloquear su cerebro y no permitir que se desenvuelva a la perfección en cualquier espacio.

 

Una vez decide el outfit perfecto para su día, ella sale con música en su cabeza, en su celular, en su automóvil, en sus audífonos, la música es el motor de su inspiración lo que hace que se mueva sin parar, desde los pies hasta el corazón.

 

Comienza una rutina de todos los días, convertida en algo especial y único, porque nadie en este planeta puede percibir el mundo como lo hace una bailarina.  Ella se apasiona por todo de manera absurda, no es posible detenerla. Una vez se entrega, no hay nada que la devuelva, porque todo tiene un sentimiento especial que convierte su vida en una película. Comparte con sus amigas, se enamora, a veces está triste, durante el día le pasan cientos de cosas que a veces convierten su mente en algo caótico, hasta que entra por la puerta de su academia, se para frente al espejo y – cinco, seis, siente…, ocho – sus problemas se esfuman, se van tan lejos como sea posible, dejan de ser problemas, porque la danza es la solución a todo, es el equilibrio y la armonía de su mente, cuerpo, alma y corazón. El momento de bailar todos los días como rutina es más que mover el cuerpo y compartir con sus amigas de toda la vida, es conectarse desde lo más real de su ser y ser una sola bailando, es mostrar su esencia, es plasmar lo que se siente con giros, saltos y desplazamientos, es dejar que la piel se erice con cualquier canción que te mueva el corazón, es volar, sentir y amar la danza todos los días. ¡Es encontrar en ella el verdadero amor, el amor propio y el amor más real!

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